dilluns, 27 de novembre del 2006

RISTO MEJODE

PERDÓN, RISTO MEJIDE
Un malo de fábrica
@Nacho Gay

Hubo un tiempo en el que aquellos jóvenes que pretendían dar el salto a la fama y formar parte del siempre ampuloso cancionero español contaban para ello con la ayuda de ciertos concursos televisivos con intenciones manifiestamente benévolas, que no iban mucho más allá de la de entretener al respetable. Quién no recuerda formatos tan míticos como Pasaporte a Dublín, Salto a la fama, La gran oportunidad o Aplauso. Todos ellos en armonía con el tono aún inocente y pulcro que caracterizaba a la televisión de aquel entonces, en la que tenían cabida calabazas parlantes o payasos candorosos. Otros tiempos.
Las cosas han cambiado. Han cambiado mucho. Los concursos ‘blandos’ han pasado a mejor vida y han dejado el hueco a otros que, de un tiempo a esta parte, se han convertido en un coso de reproches, enfrentamientos y descalificaciones en los que lo que menos importa es la música. Y en esto Operación Triunfo se lleva la palma. Algunos creen que todo lo que está pasando en el concurso responde a una estrategia de marketing previamente diseñada desde dentro y que, por cierto, ya se ha llevado a cabo en algunos de los formatos musicales emitidos a lo largo de estos últimos años en otros países. Así que la idea de provocar una guerra in situ cada domingo en plató entre jurado, profesores y alumnos, se podría decir que viene de fábrica.
De todo lo que se ha introducido de nuevo en el concurso, la de Risto Mejide es la mejor baza. Este popular miembro del jurado -cínico y cruel- es el resultado de la búsqueda incansable de ciertos elementos que debían servir para refrescar un formato que soporta ya el peso de cinco ediciones. Así que al tal Risto parece que el carácter le viene impuesto. Y no sólo el carácter, sino también las parrafadas interminables que se marca de vez en cuando y por las que se ha acabado convirtiendo en el mayor atractivo del concurso. Por lo que el verdadero motivo de su verborrea beligerante y ofensiva; de esas lindezas que suelta de cuando en cuando, no es otro, para variar, que el de ganar audiencia.
En Telecinco lo saben muy bien. Y la cosa va como la seda... La franja que llena las nominaciones es la de mayor afluencia de público, por lo que los de Fuencarral, que no son tontos, han aumentado entre 3 y 4 minutos el tiempo de duración de la misma y, una vez que han recibido la confirmación de que es Risto quien consigue congregar a un mayor número de espectadores frente al televisor, éste ha ido incrementando también su presencia en la ronda, de modo que el tiempo en el que aparece en pantalla ha pasado de 3 minutos en la primera gala a 9 en la última.
Y el resultado es sorprendente: del 35,8% de share que el programa consiguiera en esa franja a lo largo de su primera emisión, se ha pasado en la última a un 40,2%. Es decir, ha aumentado la friolera de casi cinco puntos porcentuales. En el resto del programa, las cosas van peor que en años anteriores, eso es cierto. La media no pasa del 25,9% esta temporada. Pero tal y como están las cosas actualmente en el medio, lo cierto es que la estrategia se puede considerar a estas alturas todo un éxito.
Así que Telecinco, que también prefiere no hacer declaraciones al respecto, se está dedicando únicamente a aplicar al formato español algunos de los principios de orquestación que están funcionando fuera. Y, todo hay que decirlo, Risto es un catacrack que se lleva a la audiencia de calle. Además, los conflictos que se generan en OT retroalimentan a los magazines diarios que emite la cadena, en los que se pasan mañana y tarde charlando sobre lo que se ‘cuece’ en la academia. Por lo que el negocio les está saliendo redondo.De todos modos, que a los espectadores de televisión se les intente engañar con este tipo de trucajes desesperados no es del todo noticioso. Nada nuevo bajo el sol. Ahora bien, el problema es que los que están sufriendo las iras del jurado son los mozalbetes de 17 y 18 años que han decidido participar en el concurso y que, por lo que parece, por si solos no enganchan a la audiencia. Ellos no se enteran de que va el asunto, y se pasan el día lloriqueando por las esquinas en virtud de las cosas que Risto les dice o les deja de decir. Ajenos en todo momento a la maniobra de productora y cadena.
Pero las cosas funcionan así. La fama cuesta y es en Operación Triunfo donde esos chavales están empezando a pagar por ella. Mientras que por los despachos de Fuencarral, la cúspide directiva se frota las manos cada lunes al recibir los resultados que obtiene el reality, cada vez más elevados. Y siguen trabajando por y para que la cosa mejore, con el absoluto convencimiento de que, en la presente edición del programa de marras, el verdadero producto se llama Risto.

1 comentari:

mariajosebana ha dit...

verdad que tiene razon Miquel,como haces para escribir y tragar algo tan denso y tan profundo? niña ...desmelenate.
besos con lagrimas porque no estoy paranannnaaaaaaaaaaaaaaaaaa